Veneración al “Gauchito Gil” sobre la ruta 226




Por caminos urbanos y rurales de todo el país, se manifiestan santuarios del Gauchito Gil con imágenes y las características banderas y cintas rojas. Su veneración es notoria, pese a no ser reconocido por la Iglesia en virtud de no reunir los requisitos para determinar su condición de santo.

El tributo a Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como “El Gauchito Gil”, surgió en Mercedes, Corrientes, y su devoción se extiende desde La Quiaca hasta Ushuaia. En Pehuajó, ha tenido distintas exteriorizaciones que en los últimos años alcanzan mayor elocuencia en un sector aledaño a la ruta 226, a pocos metros del acceso Güemes. Numerosos seguidores concurren al lugar y fieles a la modalidad que se aplica en todo el país, rinden su tributo.

En ese sector de la ruta es dable observar alguna improvisada tacuara con banderas rojas (color distintivo del gauchito por su condición de “federal” o “colorado”). Entre las ofrendas, hay cintas rojas con diversos pedidos, sobre salud, dinero, trabajo, amor, coraje para enfrentar situaciones y protección a los viajeros, además de expresiones de agradecimiento.

Los devotos del Gauchito suelen dejar una cinta atada a las existentes en cada santuario y retirar otra, que consideran bendecida, la que acostumbran a colocar en la muñeca, en el auto, en la casa o en un comercio para proyección y ayuda.

Cada 8 de enero, fecha de la muerte de Antonio Mamerto Gil Núñez, la veneración adquiere mayor magnitud, más aún en el santuario de Mercedes donde acuden devotos de todo el país.

QUIÉN FUE EL GAUCHITO GIL




Fue un gaucho trabajador rural, adorador de “San La Muerte”, que tuvo un romance con una viuda adinerada. Esto le hizo ganar el odio de los hermanos de la viuda y del jefe de la policía local, quien había cortejado a esa misma mujer. Dado el peligro, Gil dejó el área y se alistó para pelear en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) contra Paraguay. Luego de regresar, fue reclutado por el Partido Autonomista para pelear en la guerra civil correntina contra el opositor Partido Liberal, pero desertó. Dado que la deserción era delito, fue capturado, colgado de su pie en un árbol de espinillo, y muerto por un corte en la garganta. Gil le dijo a su verdugo que debería rezar en nombre de Gil por la vida de su hijo, quien estaba muy enfermo; el verdugo así lo hizo y su hijo sanó milagrosamente. Él le dio al cuerpo de Gil un entierro apropiado, y las personas que se enteraron del milagro construyeron un santuario, que creció hasta hoy.

A partir de ese milagro se edificó un fenómeno de religiosidad popular que muchos años se mantuvo casi en secreto por los desposeídos que sostuvieron la llama del mito, y posteriormente alcanzó notorio auge que no distingue clases sociales de ningún tipo.
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