Los doce pollos

En la distancia, allá lejos y hace tiempo. Un amigo de la infancia, Luis Cisneros, me contó en una oportunidad que el club Deportivo Argentino tuvo un equipo de fútbol bien armado, muy fuerte y que supo hacer historia allá por el 49 / 50.

Yo en lo particular aún recuerdo algunos de sus integrantes en los que puedo nombrar: al “Negro Candombe”, “Lito” Martínez y otros. Pero quiero detenerme en uno muy especialmente, y se trata nada más y nada menos, que de Pedro Quinteros, conocido por todos; como “Perico” Quinteros.

Quinteros fue junto al “Lito” Martínez un referente de mucho peso y muy importante para el mencionado club. Ya que se decía que era un jugador exquisito, de gran dribling y dado en llamar un jugador “diferente”.

Dice la anécdota que en oportunidad que el “Depo” se jugaba la obtención del campeonato en una parada brava con su similar Estudiantes Unidos, en cancha del Deportivo argentino, aquella vieja cancha, la única que por entonces tenía tribuna y donde hoy se levanta el Colegio Nacional.

Se encontraban en la oportunidad un grupo de amigos en el conocido “Mesón Español”, entre los que se encontraba “Perico” y salió a la palestra el partido que debían dirimir el domingo siguiente, Deportivo Argentino versus Estudiantes Unidos, el Estudiantes de Gambero al arco y el “Chivo” Civelli en la delantera.

Y la discusión llegó a tal acaloramiento que todos apuntaron al Negro Perico y comenzaron las cargadas al respecto.

-Che, Negro, ¿y qué van hacer el domingo contra nosotros?
-Vamos a ganar —Contestó el Negro serenamente.
-Me parece que van a perder, Estudiantes se lo va a comer vivos -dijo su interlocutor.
- ¡Difícil que el chancho chifle! Te digo más: vamos a ser campeones.
-¿Que jugamos, que Estudiantes les gana y los deja con las ganas?.
El negro pensó unos instantes y luego dijo.
-¡Ya está!, te juego doce pollos a comerlos aquí en el Mesón a la noche, después del partido para todos los que estamos en esta oportunidad. ¡Ojo!, que el que pierde paga. ¿Estamos?.

Y fue que sellaron el compromiso con un fuerte apretón de manos y no se habló más del asunto.

Al otro día, la cancha estaba abarrotada y expectante de gente, la tribuna victoreaba a sus once camisetas celestes y del otro lado hacían lo propio los hinchas de Estudiantes. Dicen que comenzó el partido y era Estudiantes que llevaba peligro al arco defendido por el Negro Candombe, que ya había tenido que intervenir en dos jugadas por lo menos de mucho riesgo.

Todo se daba a favor de los camiseta con bastones albinegros, tal es así que en un descuido de la defensa del Depo, hubo un gran entrevero en el área, y la caprichosa se fue a dormir de lo más silenciosa y empujada por el Chivo Civelli, al que se ha dado en llamar “El rincón de las ánimas”. Silencio sepulcral en las tribunas, los hinchas del Deportivo se miraban incrédulos como si hubieran roto la piñata de cumpleaños y no hubiera nada dulce adentro.

Todo el primer tiempo fue de Estudiantes y unos diez minutos del segundo, el Deportivo no encontraba la pelota y la desazón y la ansiedad ganaba la tribuna.

Fue de repente, como si el Deportivo hubiera recuperado la memoria y recordara que se estaba jugando el campeonato, que en una jugada bien elaborada por la derecha la pelota le llegó al Lito Martínez y sólo tuvo que empujarla para que Gambero la viera pasar. La tribuna estalló en una algarabía contenida. Era el empate y sólo faltaban unos veinte minutos y no estaba nada dicho. El partido estaba equilibrado, la balanza estaba levemente inclinada para el Deportivo, que había recuperado la pelota y era un poco dueño del campo de juego.

Pero el esfuerzo se vio coronado, cuando allá por los cuarenta, el Lito Martínez le pone una pelota en cortada al Negro Perico Quinteros, quien ni lerdo ni perezoso, hizo dribling dejó una camiseta a rayas blanca negra y se metió en el área, hubo un revuelo de piernas, queriendo pararlo, pero el Negro era sin dudas un jugador distinto y Gambero nada pudo hacer, cuando la pelota impulsada magistralmente decía a las claras; que el Deportivo Argentino le ganaba a Estudiantes Unidos por dos a uno. Ese gol quedó impreso en las retinas de todos los hinchas, pero en mí quedó retumbando el grito del “Negro Perico” que convertido el gol, se dio vuelta y eufórico con los brazos abiertos corrió al centro de la cancha gritando a voz en cuello.

-¡LOS POLLOS, LOS POLLOS, LOS POLLOS!... y así esa noche memorable el Mesón se llenó de amigos y el hincha de Estudiantes pagó la apuesta.

Buenos Aires, 06 de Julio de 2014 / RICK CANCELO (Rl Incondicional)
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