“Cuando hacés algo que te gusta, el esfuerzo viene solo y le ponés más ganas”



“Si querés siempre hay un recurso. Hay que buscarle la vuelta”. Así sintetiza Valeria Sánchez (28) su positiva experiencia como distribuidora de alimentos en empresas y organismos estatales. Un día quedó sin trabajo y decidió intentar su propio emprendimiento. Empezó con una bicicleta, pero al crecer la actividad optó por una moto. Le gusta lo que hace, es su medio de vida. La gente está conforme. Ella es, simplemente Valeria o “la chica de la comida”.

Valeria se levanta todos los días entre las 7.30 y las 8 de la mañana. Desayuna junto a su novio quien luego se va a su trabajo. Y enseguida comienza a cocinar. “Primero, empanadas que ya tengo preparadas del día anterior. Armo ensaladas de fruta, colocándolas en envases. A las 9 y media salgo para el primer reparto. Voy a la Municipalidad, a IOMA, donde llevo pebetes, sándwiches, ensaladas de fruta, tortas”.

Después retorna a su casa, carga las otras comidas y continúa con el segundo recorrido, hasta la una de la tarde, más o menos. “Luego almuerzo, descanso un poco, y a las cuatro arranco de nuevo. Hago los mandados, compro las cosas, vuelvo a casa y empiezo a preparar y elaborar para el día siguiente hasta la hora que sea necesario. Una rutina de lunes a viernes, porque los sábados y domingos hago tortas por encargues”, relata la pehuajense.

Interrumpimos su tarea en el día de la mujer. Tenía que ser parte de mirá. Su esforzada labor nos pareció un ejemplo, entre tantos otros, para realzar el rol del ser que da la vida. Valeria es sencilla y simpática. Supo sortear las dificultades que padecen muchos jóvenes para encontrar un camino que los haga sentir bien y les permita subsistir e impulsar un proyecto de vida.

Luego de realizar sus estudios primarios y secundarios, Valeria Sánchez optó por el mundo laboral. “Trabajé en una pizzería, tres años en una estación de servicio, después me fui y cómo no se me dio un trabajo en una tienda, intenté buscar al mío, algo propio”, rememora.

“Y como me gusta mucho la cocina –exclama– empecé a hacer en casa empanadas al disco (algo que acá no se veía) y después una excompañera de trabajo me comentó que en Escapes Maggi, los empleados paraban al mediodía e iban a comprar algo para comer a un kiosco, por ejemplo. Entonces, se me ocurrió cocinar yo y llevarles”.

Ahí comenzó el pequeño emprendimiento de Valeria. “Y luego –añade– se me ocurrió ir a otro lado, la Cooperativa Eléctrica, y después me llamaron de otros lugares, y ahora tengo un recorrido grande, de lunes a viernes”.

Lleva más de seis meses de actividad ininterrumpida. Todos los días recorre las calles de la ciudad, haga frío o calor, con lluvia o con sol. La responsabilidad cala hondo, y aumenta porque crece y está dispuesta a incorporar más lugares para llevar las exquisiteces que produce.

“Estoy muy conforme. Ya me conocen en distintos lugares. Me están esperando. Conversamos con todos, me gusta tratar con la gente. Me siento re bien, porque hago lo que me gusta y me resulta rentable, justo ahora que con mi novio nos estamos haciendo la casa cada día agregamos algo más”, acota complacida por el resultado de su trabajo. Y remarca: “Es lindo. Cuando hacés algo que te gusta, es algo tuyo, el esfuerzo viene solo y le ponés más ganas”.

Valeria empezó repartiendo en bicicleta pero al sumar sitios para visitar, y con la necesidad de llegar a tiempo a todos lados, optó por una moto. “Llevo las cosas en el baúl: empanadas, milanesas… y en una conservadora, las cosas frías, como ensaladas de frutas, pebetes, sándwiches de miga, y a veces también llevó cosas en una mochila, porque ahora empecé también con tortas de naranja, algunas cositas dulces, para los que visito a las diez de la mañana”.

Una sonrisa se dibuja en su rostro: “me dicen Valeria o la chica de la comida. Ya me conocen y veo que gusta, porque todo es casero. Además al llevar todo hecho, eligen lo que quieren comer y no hay necesidad de esperar un pedido de una rotisería”.

Reconforta su alegría y sus ganas de hacer. Es firme en su convicción. “Hay que buscar la vuelta. Acá en Pehuajó, si querés, siempre un recurso tenés. Yo me quedé sin trabajo y tenía que buscar algo. No me quedé esperando, decidí hacer esto. Y me va bien, incluso puedo atender más lugares. Todo es cuestión de organizarse”.

Por estos días, Valeria ya piensa en el invierno. Tiene previsto incorporar al reparto café, chocolate, churros calientes, hamburguesas. Por eso, bienvenidos los nuevos pedidos al teléfono celular de Valeria 15618406. Y también podés ubicarla por la red social Facebook (valeriasanchez), donde se pueden ver fotos de las comidas que elabora.

Y si no, se la ubica a media mañana o al mediodía en los lugares que visita. Y por qué no en una esquina cualquiera, en su moto y con su mochila, donde “la chica de la comida” protege exquisiteces, además de la más hermosa clave para la vida: “hacer lo que le gusta”, y un sueño que alimenta todos los días: “tener la casa propia”, como un día generó “su trabajo propio”.
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