JORGE VITÁNGELI, EL HOMENAJE DE SU FAMILIA

Su mujer, Alicia, y sus hijos Jorge, Juan y Graciela, describieron a Jorge Vitángeli. El homenaje al padre, al esposo, al jugador, al profesor...



Generoso y alegre
“Cuando lo conocí a Jorge vi en él al amor, a una persona generosa, alegre y solidaria. Es un gran compañero de vida. Trabajo mucho para darle lo mejor a su familia.

Su trabajo y satisfacción: La docencia y el reconocimiento de sus exalumnos.
Su felicidad: Sus hijos y nietos. Su pasión: El fútbol.
Su alegría: Sus amigos de la infancia y juventud”
Alicia (esposa)

Papá siempre está
“Me pidieron que escribiera unas palabras sobre mi padre.
Si tengo que describirlo, creo que se destaca por su coherencia entre lo que dice y hace.

Un niño aprende de sus padres por lo que dicen, pero sobre todo, por lo que hacen.
A mis hermanos y a mí, nos inculcó el deporte, la educación y los valores, el respeto a los mayores y los maestros.

Poco demostrativo en sus emociones, marcó claramente los límites y sus límites, canaliza su amor con acciones concretas.

Agradezco profundamente la libertad de “juego” que me dio en la vida.
Una presencia permanente, observadora y alerta, que no invade. Siempre he tenido la certeza de su respaldo, “papá está”.

Comprometido socialmente como vecino y pehuajense. Un hacedor.

Si bien, yo era muy pequeña en su época de esplendor como futbolista, imagino que se ha expresado igual dentro de la cancha.

En el presente, lo siguen homenajeando por sus logros deportivos y lo recuerdan sus exalumnos. Eso habla de quién es.

Junto a mi madre, fue el primero que me enseñó a no querer, sino, a amar. Con los años puedo ver la diferencia y decirlo.

Te amo papá”.
Graciela

Amor y valores
“Para hablar de mi papá tengo que hacerlo desde tres ámbitos distintos que identifican su vida y que se relacionan entre sí, donde conviven valores de amistad, compromiso, solidaridad y amor: el fútbol, la docencia y la familia.

Yo no lo vi jugar al fútbol, pero crecí entre recortes de diarios y fotos de su época como jugador que hablaban de él como un grande, excelente compañero y lleno de éxitos y campeonatos. También con el relato de excompañeros y amigos y de frases como: “…Si vos jugaras la mitad de tu viejo…”. Todo esto y mucho más forjaron en mí el sentimiento de que mi viejo es mi gran ídolo.

Otro ámbito que forjó esta idolatría fue su actividad de docente, en la cual hasta el día de hoy me encuentro con exalumnos que me demuestran el gran PROFE que fue. Su compromiso y dedicación a esa maravillosa profesión. En esta etapa de su vida, alcance a ser alumno de él y me demostró más valores humanos que formaron mi educación. Él siempre llegaba media hora antes de la clase, para preparar el material de trabajo y dejar todo listo antes que lleguen los alumnos. También recuerdo que en mi primer día como alumno de él me dijo: “si yo doy la orden de hacer treinta abdominales, vos hacés cincuenta, si no te gusta te vas con el Pato”. (haciendo referencia al profesor Carlos Domínguez).

Por esto y tantas cosas más, rescato de cada una de sus actividades, los grandes valores, compromisos y amor por todo lo que realizó. Valores que se vieron reflejados también en mi familia, en el trato que siempre tuvo con mi mamá y hermanos.
Además para envidia de mis hermanos, soy el menor de los tres, lo cual tiene ciertos beneficios extras… Un abrazo viejo y gracias por ser un ídolo, dentro y fuera de la cancha”.
Juan Vitángeli

“Mi ídolo es él”
“Todos conocen a mi padre como el ídolo deportivo, el gran educador, el amigo fiel. Yo quiero hablar de Jorge Guido Domingo Vitángeli como MI PAPÁ.

En ese rol confieso que mi relación con él nunca fue muy conversada, para sorpresa de algunos, ya que mi padre como descendiente de italianos tiene esa melancolía de lo que ha dejado atrás y añora. Así era mi abuelo y él no es la excepción.

Sin embargo le debo todo: su honestidad, responsabilidad, lealtad, compromiso, intelectualidad y don de gente. Todo lo que he tratado de aprender e imitar, en realidad él me lo ha enseñado, no con sus charlas ni consejos, sino con sus gestos, su hacer cotidiano, las decisiones tomadas y las responsabilidades asumidas.

Algo que le agradezco muy profundamente es su lucidez en dejarme hacer, en dejarme elegir sin influir, en sentirme hacedor de mi propio destino confiando en mis capacidades y al mismo tiempo, sentirme por él acompañado y, a su modo, secretamente querido. Mi ídolo real no es el deportista ni el educador. Mi ídolo es él, ¡mi papá!. Jorge Luis Vitángeli
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