EL BOMBERO DEL BARRIO

Formó parte del cuerpo activo durante dieciocho años. Transitó innumerable cantidad de siniestros que lo marcaron para siempre. Un apasionado de la actividad. Amó su trabajo y asegura que no puede alejarse de la institución. Javier Fazio fue, es y será bombero voluntario. A los 38 años, el pehuajense recuerda sus inicios en la actividad y agradece el apoyo recibido por sus jefes y compañeros. Sostiene que si bien no está activo, extraña y sigue siendo, simplemente, el bombero del barrio.



Sus gustos por las actividad bomberil datan desde su niñez. Cuando sonaba la sirena, Javier quería salir hacia cuartel. Le apasionaba imaginar su accionar como bombero voluntario. Durante esos años, un amigo de su padre, Raúl Ferrero, quien se desempeñaba como efectivo del cuerpo activo, descubrió su pasión y lo incentivó para sumarse a Bomberos Pehuajó.

Fue así que Javier Fazio se acercó a la institución, completó las planillas de inscripción y quedó a la espera de la confirmación, para poder arrancar con su capacitación de bombero voluntario. El llamado llegó y el pehuajense comenzó en 1996 una carrera que le cambiaría la vida.

“Antes de entrar vos decís ‘hay un incendio: vamos, apagamos y listo’, pero ser bombero te cambia todo. Alegrías no voy a decir que tenés muchas, tenés muchas tristezas, porque vas a un incendio de un amigo o a un accidente que tuvo un amigo y no es nada agradable. Pero más allá de eso es lindo. Eso sí, te tiene que gustar”. relata.

Los primeros momentos en el cuerpo activo transforman a todo efectivo. Los siniestros a enfrentar se vuelven trascendentales en la personalidad de cada bombero y van modificando la visión del mundo, de los acontecimientos y el valor de la vida. Javier lo vivió y asegura “al coraje te lo tenés que hacer ahí adentro”. Pero no es una tarea sencilla, por eso se vuelve necesario un apoyo profesional y de los compañeros del cuerpo.

“Cuando hay un accidente grande o pasa algo grave cuando los chicos vuelven muy traumados se trata de hablarlos, ahora hay una psicóloga para tratarlos y que no queden shockeados. Cuando yo estaba en el cuerpo activo lo charlábamos con los chicos o con el amigo más íntimo y te ponés a hablarlo porque sino te quedás shockeado”.

LOS MOMENTOS VIVIDOS
Reciben la llamada en sus handys y se dirigen hacia el cuartel, sin saber qué pasó. Ellos deben ir, sin pensarlo. Una urgencia los espera. Incendios, accidentes, rescates. Cada uno, diferente a los demás. Tristezas y alegrías. Cada momento, un recuerdo. Javier relata sus experiencias y trae a su memoria los detalles de cada siniestro. Son momentos inolvidables, que marcaron su vida.

Hay incendios que te dejan marcas, especialmente cuando quedan secuelas trágicas y ni hablar cuando se trata de personas conocidas. Pasa lo mismo con los accidentes, donde más de una vez se vuelve shockeado, conmovido. Fazio expresa que transitar esos momentos “es doloroso, te quedás paralizado. No sé cómo explicarlo. No es fácil. Hay cosas que te marcan, pero cada uno de nosotros sabe que eligió una carrera que te iba a marcar”.

BOMBERO POR SIEMPRE
Tras permanecer durante más de quince años en el cuerpo bomberil pehuajense, Javier Fazio dejó de ser activo pero nunca se alejó del cuartel y de sus compañeros. “Estoy siempre. Por ahí en algún incendio nos encontramos. Tengo que agradecer a los jefes porque por más de que me haya ido cuando nos encontramos, si bien no participo en primer plano, por ahí les hago tránsito, les ayudo con los materiales”.

El pehuajense afirma que “se extraña, yo sigo siendo el bombero del barrio”. Al recordar su pasado, no olvida a sus “jefes y compañeros”, con quien sigue “teniendo el mismo trato que he tenido siempre porque son dieciocho años que estuve con ellos”.

“Al cuartel le hago una pasadita, comemos algún asado. Y con gente de afuera tengo muchos amigos: los chicos de Mones Cazón, Paso, Madero, Trenque Lauquen. De ellos no te olvidás nunca y aparecés por ahí y enseguida te llaman, tomamos mate. Después bueno, la convivencia con ellos acá la sigo teniendo. A la mayoría de los chicos nuevos también los conozco”, sostiene Fazio.

Y al finalizar, les deja un mensaje a los jóvenes pehuajenses: “el que quiera ser bombero, que lo haga. No se va a arrepentir. Cuando te vas lo sentís, pero no te vas a arrepentir nunca de elegir esta carrera, se aprenden muchas cosas”.

Un gesto ejemplar
Actitudes solidarias muy destacadas caracterizan la actuación de Javier Fazio como bombero voluntario. Gestos que enaltecen y que se transforman en ejemplos dignos de imitar. En el año 2008, a la salida de un supermercado, encontró un cheque de 3 mil pesos, en condiciones de ser cobrado sin inconvenientes. El bombero dijo no y los devolvió, simplemente “porque no me pareció justo quedarme con algo que no había conseguido”.

En diversas oportunidades, encontró valores similares de vecinos de nuestro medio. Su proceder fue el mismo: ubicar a las personas y devolverlos.

Sus procederes motivaron diversos reconocimientos. La Asociación Bomberos Voluntarios de Pehuajó le entregó un diploma de honor, con una cita de Descartes: “No hay alma, por poco noble que sea, que permanezca tan aferrada a objetos de los sentidos que, a veces , no se aparte de ellos para desear un bien mayor”.

Por su parte, el Rotary Club Pehuajó le tributó un homenaje en su sede social, donde también recibió un diploma de honor en reconocimiento a su acto de honradez.
Y la actitud de Javier Fazio alcanzó trascendencia nacional a través del diario Clarín, que publicó, en el suplemento “BueNo (Buenos Aires Noroeste)”, el 10 de noviembre de 2008, el gesto de solidaridad.

El título fue “El bombero que devolvió un cheque de $ 3 mil”, y en la introducción a la nota, señaló: “Se desempeña en el cuartel de Pehuajó. Está casado y tiene dos hijos. Es humilde, al punto que debe hacer changas para mantener a su familia. “Lo devolví porque no me pareció justo quedarme con algo que no había conseguido”, comentó.
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