“Soy feliz. Vengo al taller y me olvido de todo”



El artesano que un día descubrió un amigo, que ahora contempla sus logros desde el cielo. Sus trabajos, en madera o mármol, están en los más diversos lugares. También en manos de famosos y otros mas allá de nuestras fronteras. En la intimidad de su taller sintetiza su trayectoria. Se manifiesta un tanto cansado y con ganas de claudicar, aunque afirma que se siente feliz y atesora más de 24 años de satisfacciones.


El taller de artesanías de Omar Lamattina (66) es un ámbito propicio para la creatividad: confortable, silencioso, dotado de todas las herramientas necesarias y con ornamentos diversos, entre ellos los que alimentan los buenos recuerdos. Acaba de terminar un mate con el escudo del partido de Daireaux. Lo mira detenidamente y advierte algún detalle de terminación que lo corrige en forma inmediata.

Es el Negro Lamattina en un entorno íntimo que lo exhibe tranqui, más sereno. Sin duda aplicando su impulsiva personalidad en la tarea artesanal que lo atrapa hace más de 25 años.

Sus inicios en la artesanía contaron con la incentivación del entonces intendente municipal Julio Rodríguez. Omar recuerda que un día el jefe comunal le pidió un trabajo que no podía hacer. Rodríguez necesitaba hacer un regalo y quería que fuera de bronce, pero Lamattina “no podía cumplir”. Pero el artesano se ofreció a realizar el trabajo en sobre otro material. Le mostró unas pruebas en yeso y madera y Julio aceptó.

La anécdota marca el inicio de Omar en la artesanía. Esa creación marcó el comienzo de una rica trayectoria artística. El Negro es contundente: “soy artesano por Julio. Ahí empezó todo. Anteriormente había hecho algo pero para mí, algunas pavadas, pero realmente empecé con la famosa cruzada solidaria que hizo Palito Ortega por las inundaciones. Ahí tuvimos que hacer los regalos para Mar del Plata. Desde ahí no paré más”.

No obstante, hay un antecedente que corrobora su inclinación por esta expresión creativa. “La artesanía mía empezó en el servicio militar, era un rebusque no era artesanía. Era el rebusque del Negro Lamattina. Me dieron la posibilidad de hacer las famosas maquetas y era un escape a todo lo inherente al servicio. Yo estaba solo, nadie me molestaba, los miércoles iba al cine. Me dio la posibilidad de escaparme de todo lo del servicio militar”, rememora sonriente.

ININTERRUMPIDA LABOR
Después del pedido de su amigo Julio, Lamattina arrancó oficialmente su labor de artesano. “El primer trabajo que hice después de eso fue el escudo de Pehuajó. Y más adelante incorporé el mármol a mis trabajos. Creo que la primera placa que hice en mármol se la pusimos en el cementerio, a un escritor pehuajense”.

Su actividad artesanal ha sido ininterrumpida. No se limitó solo a los pedidos puntuales sino que se extendió al mundo de las ferias y muestras. “Yo empecé en agosto del 87 y en diciembre me invitan a Cosquín. Pasé todo enero ahí. En Cosquín clasifiqué para la Feria Nacional en Colón (Entre Ríos) y estuve todo febrero ahí. Después volví casi diez años seguidos como artesano. La última vez, en el 2000”.

DIVERSOS DESTINOS
Sus trabajos se esparcieron por numerosas ciudades bonaerenses y de provincias hermanas. Además, trascendieron las fronteras: “Hay trabajos míos en diferentes partes del mundo, eso es lo lindo. Hay en Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Italia, España. La gente lo fue llevando, se hicieron envíos”.

Lamattina es autor de varios monumentos en Pehuajó y en otros lugares. Por ejemplo, entre otros, el de bomberos voluntarios en Lincoln, el aras Gral. Belgrano en Juan José Paso. Y los que están en nuestra ciudad. “El de “la noche de las palas” –acota- fue un regalo personal que le hice Julio. En esa época estuve jodido con la inundación y como reconocimiento le dije a Julio que iba a hacer el monumento”.

Famosos de diversos ámbitos, artistas, políticos, diplomáticos, han sido depositarios de obras de Lamattina. Sin duda, un halago que al momento de hacer balance del tiempo recorrido lo llena de satisfacción.

UNA POSITIVA DESCARGA
Al evaluar sus creaciones, Omar afirma que le “gusta mucho más” trabajar en mármol. “Es más difícil pero es más desafío, por eso me gusta más. La madera te da opciones a equivocarte; el mármol, no”. Y esta tarea que lleva a cabo, de manera silenciosa, en cualquier horario o cuando alguna urgencia lo requiere, es “una positiva descarga”. Así lo siente: “Yo vengo al taller y me olvido de todo. Vengo a horas que nadie me toque timbre, me encierro solo”.

Nos vamos, dejamos el taller, cruzamos el patio que lo separa de su casa, acosados por los teros que lo habitan. “Son mis alarmas”, acota El Negro luego del rápido repaso por un cuarto de siglo y un poco más, trabajando el mármol y la madera. “Estoy frenando, no tengo más ganas”, confiesa en la despedida, pero remarca: “con la artesanía estoy feliz. Soy feliz porque me gusta. Creo que me dio 25 años de satisfacciones”.


RECUERDOS
*“Aprendí a hacer letras. Las primeras letras que hice fueron para la Galver. A los precios también los hacía yo, tenía 17 años. Me enseñó un amigo, “Lolo” Lorenzo”.

*“A los 16 años empecé a trabajar como empleado en tiendas Galver. Después del servicio militar empecé a trabajar con papá, estuve un tiempo en la zapatería y después me compré el kiosco”. Aquel kiosco estaba ubicado sobre la avenida Lavarden, casi Mitre, frente al edificio del diario “La Voz del Oeste”.

*Más tarde, siempre dentro del rubro comercial, Lamattina tuvo una agencia de lotería, juguetería, ferretería y finalmente, hasta la fecha, el negocio de artesanías en calle Gutiérrez. “Firme hasta ahora pero en cualquier momento me parece que bajo la persiana”.

“Un día me llaman de Cancillería. Yo pensé que me estaban cargando. Me dicen que tenía que llevar unos trabajos para Holanda. Y bueno, preparé fotos y trabajos en madera y los llevé. Llego y me atienden dos holandenses, les regalé un escudo y empezamos a hablar.

Uno me dice: ‘me tiene que llenar un contenedor’. Yo me empecé a reír, imaginate llenar un contenedor con artesanías. Yo no puedo, les dije. Lo mío es todo manual, no se puede hacer eso. Y bueno, quedó ahí. Una linda anécdota, no sé quién los conectó conmigo. Nunca lo supe. Fue muy linda la sorpresa”.

PING PONG
¿Un deseo?: “Seguir trabajando”.
¿Un rencor?: “No existe”.
¿Un amor?: “Carmen”.
¿Una ingratitud?: “Que Dios los ayude”.
¿Una alegría?: “los amigos”.
¿Un reproche?: “No tengo”.
¿Un placer?: “viajar”.
¿Una esperanza?: “Salud”.
¿Un recuerdo?: “Todos mis años”.
¿Un artesano?: “Tío Herman”
¿Dios?: “Existe”.
¿Pehuajó?: “lo quiero”.
¿Un amigo?: “Muchos”.
¿Omar Lamattina?: “un artesano”.
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