Cultor del filete


Los orígenes se produjeron en Buenos Aires, por el ello la tilde de “porteño”, pero en realidad es un arte argentino que llegó de la mano de los inmigrantes. En Pehuajó, descubrimos a José Luis “Willy” Giménez, que practica otras técnicas pictóricas, pero se ha propuesto poner énfasis en el “filete”. Un poco de historia y la habilidad creativa de Willy que impulsa una movida del llamativo arte pleno de color y atractivos.


Lo ubicamos en su taller de calle Ascasubi, a metros de Alsina, justo cuando fileteaba una de sus creaciones. Willy hacía pocas horas, había realizado una capacitación en Buenos Aires, con Alfredo Genovese, palabra mayor en esta disciplina.

“Hace casi dos años que me dedico al filete. Si bien siempre pinté con la técnica de la aerografía, lo que siempre me interesó fue esta técnica que se había perdido prácticamente. Por ahí ha habido un resurgir y lógicamente uno quiere aprenderla y mantenerla porque en la provincia de Buenos Aires nadie lo hace”, manifiesta Giménez a modo de introducción.

La gente del interior suele atribuir esta técnica a la ciudad de Buenos Aires. “Todo el mundo lo asocia a los porteños porque era realmente era así”, afirma Willy y añade: “un poco comenzó ahí con los carruajes de las frutas y que después se trasladó a los camiones cuando los carros dejaron de existir, a los micros, hasta que a fines de los ‘70 se prohibió y los transportes dejaron de ser fileteados y así se fue perdiendo el filete porque los viejos trabajadores se renegaron y no trabajaron más. Entonces por ahí se empezó a perder la actividad”.

Nuestro convecino está convencido que “más que porteño es un arte argentino traído a través de los inmigrantes que algunos de ellos experimentaron lo que estamos haciendo hoy. Otros argentinos lo mejoraron, le pusieron su forma de ver las cosas y acá quedó instalado en nuestro país”.

UN POCO DE HISTORIA
Ahondando en datos, señala que “comenzó a vivirse como expresión de arte en los barrios bajos donde estaban las tolderías, los mercados, los frigoríficos, donde estaba lo marginal, porque el arte es marginal en sí. La gente que hacía ese trabajo no se llenaba de plata simplemente trabajaba porque le gustaba y se hacía una monedita para vivir, entonces el ambiente que ellos consumían era el ambiente bajo del tango. Como comenzó el tango, comenzó esto. Casi están asociados por esto comenzó en el siglo XIX”.

Al tiempo que nos muestra algunas de sus creaciones, acota que “durante los ’80, hubo un despertar por el lado de la cartelería. Los 80 se identificaron por la explosión de la publicidad y los medios gráficos y publicitarios de las calles necesitaban algo y entonces aparecieron los letristas que laburaban a mano, los fileteadores que más o menos habían agarrado alguna historia que habían agarrado de algún viejito y bueno arrancaron de nuevo”.

INTERÉS POR EL FILETE
El pincel se desliza con firmeza y a medida que avanza en la creación se manifiesta su inspiración en los trazos. Es una expresión nueva en la pampa húmeda. Sin duda todo un desafío. Willy nos dice: “Yo estuve haciendo un estudio de mercado y noté que acá la gente de los mercados, de las carnicerías se identifica con esto. Ya tengo algunas propuestas, ya hice un camioncito y estoy haciendo carteles de publicidad más que nada para la casa, de adorno e indicadores que son muy comunes, muy simples y siempre un regalo original. Todos quieren tener uno”.

“Además son trabajos únicos, hechos con las manos y con lo que surge en el momento”, remarca el fileteador pehuajense. Y al indagar sobre el trabajo que realiza ante nuestra mirada, indica: “Ahora estoy usando sintético. El encanto de este trabajo, por eso yo me entusiasmé, es que es muy simple pero a su vez lograr el efecto es muy complicado, porque hay un despegar de las piezas, hay una coloración especial que uno tiene combinar, que si yo tengo que explicar, como le dijo mi profesor, no puedo. Vos las descubrís solo. Pero sí sabemos que hay colores básicos y ornamentos como la hoja, como las flores, como las aves, como las líneas, como el filete, la línea finita esa que va dibujada con un pulso especial… todo eso hace que el fileteado sea auténtico y diferente”.

Y damos fe de la firmeza de su pulso, más exigida aún con los trazos finos y curvos. Willy considera que “existe el abc de la profesión pero cada uno le pone su impronta. He mirado trabajos en paredes de Capital Federal y sin mirar la firma vos te das cuenta de quién puede ser. Existen varios estilos; está el estilo artístico con mucha perfección y está el estilo clásico que es el surgía en el momento en que vos hacías esa línea y esa línea era la que servía”.

Se muestra satisfecho por la reciente capacitación con Alfredo Genovese, a quien califica como la voz mayor del filete. “Es muy difícil salir a trabajar sin un respaldo de alguien que te enseñó”, remarca.

UNA BÚSQUEDA PERMANENTE
Finalmente, sostiene que “hay futuro. Ha habido un despertar de esta movida que parecía estar muerta y no lo estaba. Y que por supuesto genera muchas preguntas, cómo puede ser que cuatro líneas generen este efecto visual, es porque tiene una técnica muy especial”.

“Todavía sigo explorando –concluye- porque es como nos dijo el maestro: “cada uno va a explorar hasta que cada uno encuentre su forma para expresarse”. Y nunca va a estar satisfecho porque siempre va a buscar algo más. Y yo que vengo hace dos años pedaleándola me encuentro con esa situación y es cierto”.

Nos vamos, allí queda Willy aferrado a la conformación de una nueva creación. El filete lo entusiasma, aunque no desatiende sus trabajos en aerografía y dibujo, técnicas sobre las cuales también dicta clases. Se le interesa contactarse, puede ubicarlo en Ascasubi 487 ó por teléfono al número 408803.
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