La necesaria prudencia

“Anduve como pelota
y más pobre que una rata.
Cuando empecé a ganar plata,
se armó no se que barullo,
yo dije: A TU TIERRA GRULLO
AUNQUE SEA EN UNA PATA”.
(Canto XXII, 2º parte)

Es Picardía, quien al narrar su larga historia de jugador y pícaro, nos canta este refrán, que viene al caso cuando se pasa por algún momento difícil.

Antes de penetrar la enseñanza que encierra, es bueno tener presente que como en otros refranes, también éste nos viene de España. La escritora Sevillana F. Caballero, lo trascribe en sus obras completas XV, pág. 351, de esta manera: “A tu tierra grulla, aunque sea en una pata”.

La “grulla” es un animal zancudo, que por la noche o cuando sus compañeros comen, está de pie y en una pata. Se trata de una actitud común, pero vigilante de parte del animal, como para estar lista a conjurar cualquier peligro.

Tanto Hernández, como también Ascasubi, cambian el femenino por el masculino, y así nace el refrán martinfierrista.

Se supone que el gaucho de aquellos tiempos, cuando olfateaba algún peligro, y tenía que salvar la vida a cualquier precio, gritaba como picardía: “A tu tierra grullo, aunque sea en una pata”.

La filosofía del refrán constituye un llamado a la prudencia, tan necesaria en todos los tramos de la vida, pero de una manera especial en aquellos momentos en los cuales un solo error, podría ser fatal.

Entonces, cuando no hay tiempo ni para pensar, seguir ciegamente el consejo del refrán, será la mejor actitud del hombre que quiere vivir.

Existe también un dicho muy nuestro que rubrica ampliamente este comentario y que dice así: “Más vale pasar corriendo, que digan: aquí quedó el finao”.

Del “Refranero de Martín Fierro”, José Marcón.
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