Música y “talento”

La música se destaca del resto de las actividades humanas por dos factores: su universalidad y su antigüedad. Ninguna cultura, sea actual o pasada, de la que se tenga registro careció de música. De hecho, algunos de los objetos más antiguos encontrados en excavaciones arqueológicas han sido instrumentos musicales: flautas hechas de huesos, pieles de animales estiradas para ser utilizadas para instrumentos de percusión, etc.

Si nos ponemos a pensar, en cualquier situación en la que nos encontremos, la música está presente: bodas, funerales, actos, marchas militares, eventos deportivos o religiosos, una cena romántica, una madre durmiendo a su bebé, estudiantes celebrando su egreso, por nombrar sólo algunos momentos. Y esto ha sido así desde los comienzos mismos de la música.

Sólo de manera reciente y, en nuestra propia cultura, surgió una distinción: los ejecutantes por un lado y los oyentes por otro, y, atravesando estos dos grupos, una distinción más profunda aún: los que “tienen talento” y los que no.

Pero, ¿qué es el talento?, ¿existe realmente?

Para el neurocientífico (y ex productor de rock) Daniel Levitin, si hay un mito que la neurociencia de la música ha desbaratado es el mito del talento. Dice en un reportaje publicado por la revista estadounidense Wired: “No parece que exista nada parecido a algo como un gen de la música o un centro del cerebro que tendrían, por ejemplo, Stevie Wonder o W.A. Mozart y nadie más. No hay evidencia de que la gente talentosa en música tenga una diferente estructura del cerebro o una conexión neuronal distinta que el resto de nosotros; es claro, sin embargo, que volverse un experto–como jugador de ajedrez, conductor, escritor o periodista– cambia nuestro cerebro y crea circuitos que son más eficientes en ese dominio. Lo que puede haber es una predisposición genética o neuronal hacia cosas como la paciencia y la coordinación ojo-mano por ejemplo, pero de allí al talento hay un largo camino”.

Es decir, todos somos talentosos en potencia. El secreto, si es que hay algún secreto, está en la práctica, en dedicarle tiempo a algo que uno realmente quiere hacer y disfruta haciéndolo. ¿Cuánto tiempo hay que dedicarle? Eso depende del ritmo de aprendizaje de cada persona, y de los resultados que se quieran obtener. Pero está claro que, en la música y en cualquier otra disciplina, nada se logra sin una cierta dedicación.

Atrévanse entonces a hacer música, incluso los que supuestamente “no tienen talento”, porque si existe algún talento necesario para esto, son las ganas y la dedicación. Todo “talento” se adquiere con ejercitación.

Aporte de Ariadna Cinel / Carlos Otero
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