San Valentín I - Amelí y Cipriano

La historia de amor comenzó en un baile pehuajense. Cipriano la vio, se animó y la sacó a bailar. Amelí no dudó. Aquella noche arrancó un romance que se coronó con la unión matrimonial. Van rumbo a los 59 años de casados y son felices.

Amelí Crespo (81) y Cipriano Velazquez (82) se casaron el 5 de noviembre de 1954. De esa unión nacieron Liliana, Rosana, Mariana y Fabiana. Tienen diez nietos y un bisnieto, y disfrutan, orgullosos, de la gran familia que supieron forjar.

Cipriano (libriano) nació en Quenumá, partido de Salliqueló, y se radicó en Pehuajó en búsqueda de una nueva vida. “Vine buscando nuevos horizontes y estoy agradecido a este Pehuajó querido, a su gente que tanto nos ha ayudado. Y lo principal es que encontré una mujer divina, que me dio la alegría y satisfacción”.

La hermosa mujer, Amelí (virginiana), es oriunda de Francisco Madero y coincidió con Cipriano en un baile de Deportivo. Ella lo “flechó” en ese lugar, pero volverían a verse. Fue en el Prado Español, en calle Rivarola. Allí comenzaría la verdadera historia.

Cipriano narra el momento como si no hubieran pasado casi seis décadas: “yo andaba con el Coco Lavín. Paraba en la pensión de Cestac y Coco Lavín vivía enfrente, entonces nos hicimos muy amigos. Nos fuimos esa noche a un baile al aire libre y estaba ella sentada con una amiga. Y le digo al Coco, me gusta la rubia esa, porque era hermosa. ‘Voy a ver si la puedo sacar a bailar’, dije. Daba vueltas a su alrededor porque antes se acostumbraba a hacer señas. El Coco quería sacar a la amiga. Entonces le hice señas a Amelí, ella me miró, nos cabeceamos y salimos a bailar. Ahí nos conocimos”.

Amelí también recuerda aquella noche. A poco más de cincuenta y años, asegura que “el secreto es aguantarse uno al otro. Hasta ahora andamos bien, problemas hay siempre si no, no sería mundo”. Cipriano cuenta con que “ha habido muchas discusiones pero siempre hemos sido dóciles, porque cuando hay una discusión, hay uno que tiene la culpa pero nosotros hemos sabido retroceder que es lo que mucho gente debería aprender. Dar un paso al costado y volvíamos otra vez. Fuimos muy unidos por la vida, creamos una familia. Por eso digo que tengo una mujer a la que le estoy muy agradecido. Amelí Crespo me dio muchísimas satisfacciones”.

Cipriano se levanta todos los días a las seis y media de la mañana. Calienta agua y le ceba mates a su mujer en la cama. Después de unos sabrosos verdes, Amelí se levanta y juntos se sientan en el comedor. “Ahí es cuando estamos solos y conversamos. Porque sino viene un nieto, una hija… entonces en ese momento conversamos tranquilos los dos, de los problemas, las cosas de la vida”, dice el padre de familia.

A las ocho, él parte hacia su negocio, la histórica maderera pehuajense. Al volver, la situación se da otra vez, pero a la inversa: “Cuando vengo ella tiene la comida preparada. Comemos, duermo una siestita de dos horas todos los días, entonces ella me despierta con el mate en la cama. Y ahí otra vez nos sentamos, conversamos y charlamos de la vida”.

Amelí y Cipriano lucen más de ochenta años de edad y casi sesenta de casados. Son felices, disfrutan de la vida y la familia. Hacen un espacio y entregan un consejo para las jóvenes parejas. Ella, nos dice: “Les aconsejaría paciencia a cada uno. Yo disfruto y pongo mis cosas también, porque hay que saber que no siempre se piensan las mismas cosas que el otro”. Él asegura que “hoy hay que corregir mucho la moral de la persona, el respeto hacia el otro. No utilizar las drogas, que echa a perder a lo mejor. Que se respeten y se sepan aguantar, que se aguanten uno al otro, y cuando tengan novia que se sepan respetar”.
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