Antiguo reloj de cobre, que vas marcando las horas…


Hace más de 77 años que “Bolognesi”, más que un emprendimiento comercial, es una especie de marco o ícono en la vida pehuajense. Con motivo de la celebración del Día del Joyero y Relojero, el pasado 3 de noviembre, evocamos con Víctor Bolognesi, los comienzos y la trayectoria del negocio, impulsado por su padre, Don Hivo Bolognesi, visionario emprendedor que en los primeros años de actividad, al comenzar el día, conversaba con el padre Keegan, recién llegado al suelo pehuajense. Apreciaciones sobre los inicios, la persistencia del negocio en el centro de la ciudad, los empleados que pasaron, el placer de mantener una línea de conducta comercial y un futuro, tal vez incierto, por efecto de las transformaciones tecnológicas, si bien de una forma u otra, el reloj seguirá marcando las horas.

Al reseñar los inicios, Víctor manifiesta: “La historia empieza en el año 1935, con mi padre que en esa época había venido del servicio militar. Estaba operado y no podía atender el trabajo de despensa que hacían. No podía hacer fuerza con la parte de los quesos que tenía mi abuelo”.

“Saliendo a caminar con otro señor que era de origen italiano pero estaba en la Argentina, era paisano de mi abuelo, vieron en calle Pellegrini, ahora Yrigoyen, que se vendía un negocio de armería, arreglo de bicicletas, soldaduras de hoyas, y un poco de relojería y de joyería, porque en esa época no era gran cosa lo que había”.
“Este señor, Alpinolo Soriani, conocido como “Pinoli”, no podía irse a Italia por la guerra de Albania, porque no le cambiaban los pesos por liras. Tenía que quedarse acá y algo había que hacer. A la vez tenía un taller de relojería en Juan José Paso y otro en Madero. Entonces, compra acá y se queda con mi padre de socio. Después consigue vender lo de Madero a Gardino Hermanos y el de Paso a Grótoli. Y queda solo con mi padre, por un año más o menos, que es cuando consigue irse a Italia y le vende la parte de él a mi padre”.

UNA NUEVA ETAPA
Víctor agrega: “A partir del año 1936 mi padre se queda solo y empieza a trabajar, en el mismo lugar donde ahora está la inmobiliaria de Bianchi y donde estuvo también Pignanelli. Ahí, Miré tenía en la parte baja negocios y arriba la vivienda”.
Recuerda que Don Hivo “venía a las 4 y media o 5 de la mañana y se encontraba con el padre Keegan, que en esa época había llegado de cura párroco. Esas cosas de muchachos jóvenes, de encontrarse a esa hora, saludarse y conversar. Después trabajaba hasta altas horas de la noche”.

Sin duda tiempos de esfuerzos y sacrificios, como en tantas otras actividades que se desarrollaban en la ciudad. “Después se casa –añade- y en año 1942 se instala acá, donde estamos ahora, en calle Mitre”.

70 AÑOS EN CALLE MITRE
“Este local –acota Bolognesi- era del Gaby Vaquero que en esa época tenía zapatería, después tuvo tienda. Pero ellos se querían ir a donde estaba Deportivo y dejaban vacío este local, pero si lo dejaban vacio se venía otra zapatería y lo convencieron a mi padre para que se viniera acá. Y como tenía atrás casa de familia, era una buena oportunidad”.

El 3 de julio de 1942 se hizo el traslado y a partir de ahí empieza a funcionar hasta el año 1968 que hacemos la reforma del negocio y la casa. El rubro siempre fue el mismo. “Mi madre también viene a acompañarlo y se transforma en una colaboradora de él. Los dos, palmo a palmo, fueron luchando”, cuenta.

RELOJERÍAS Y EMPLEADOS DE OTROS TIEMPOS
Al rememorar distintos momentos de la larga trayectoria del negocio, Víctor señala que “en aquellos tiempos también estaba la relojería de Risucci y otra cuyo nombre no recuerdo. La nuestra fue la que perduró. Después Risucci se mantiene a través de Liscia, Tom sale del Trust Joyero junto con Vicente”.

Y al recordar empleados que tuvieron, sostiene: “Y de acá salieron varios, que se fueron armando en forma indepen-diente,Diego Lobato, Allegrini y otros que se fueron a otros lados, por distintas causas. A La Plata un señor que se llamaba Emilio y se instaló allá. También trabajaron acá Carlitos Capri, Salemme (el padre del doctor), Martiniano Libossar (que falleció hace poco), José Marcelini. Incluso (y siempre le decía mi madre que no era para él) Raúl García. La madre lo puso a trabajar acá como cadete, pero Raúl siempre le decía a mamá que no era para esto. Él estaba preparado para otra cosa”, comenta y sin duda esa apreciación era acertada.

Finalmente, Víctor recuerda a “Osmar Urtiberea, Santos Juan, Alberto Ortellado, y alguno que se me escapa, porque son muchos años”, acota.

UN ÁMBITO MAMADO DESDE NIÑO
Víctor Bolognesi lleva 46 años al frente del negocio. A propósito dice: “Yo estoy acá desde el año 1966 cuando hice sociedad con mi padre, pero cuando tenía 8 o 10 años ya venía a limpiar vidrios, a rasquetear -los sábados- el piso de madera, hacer los mandados junto con los cadetes que había. Quiere decir que esto lo he mamado desde muy chico. Salir a cobrar las facturas, llevar los regalos a los casamientos”.

Indica que ya han pasado como clientes hasta cuatro o cinco generaciones, tratando de dar siempre respuestas a los requerimientos. Sostiene además que las reparaciones han sido una constante: “Se reparaban todo tipo de los relojes, los de pared, los carrillones, los chiquitos, las miniaturas. Se siguen haciendo, pero hoy en día es otro tipo de relojería que cambia mucho en relación a lo que era en aquellos tiempos “.

UN FUTURO UN TANTO INCIERTO
Bolognesi no vislumbra herencia familiar, lo considera difícil y manifiesta: “es muy raro que se pueda continuar, los chicos están en otra cosa”. Y al hacer un rápido balance del tiempo recorrido, afirma: “Nos sentimos satisfechos. Dentro de todo, uno ha llegado a tener una clientela, eso es importante, mantenerse tantos años. Seguir con una línea de trabajo, una forma de trabajo, mantener lo que uno dice”.

Por último, cuando un viejo reloj hace sonar con estridencia la hora 18, Víctor dibuja con sus palabras una imagen del futuro: “Es una actividad que con el tiempo se va perdiendo. Por ejemplo, todo el mundo ahora anda con celular, los despertadores han desaparecido, y se va achicando la relojería. Y la parte de joyería también, en este momento por el miedo al robo se reemplaza por otras cosas. Van despareciendo fabricantes de muchos años, ante la falta de continuidad en las ventas. Todo se hace difícil”.

Y como dice los tangueros empedernidos, más allá de la incertidumbre, “quién te quita lo bailado”. Bolognesi, es parte de la historia comercial de Pehuajó y ahí está vigente, en el corazón de la ciudad. El sueño de Hivo, acunado en la década del 30, es una palpable realidad, motivo de orgullo para sus descendientes y para la comunidad.

“Hemos crecido juntos”
Como en los inicios, el clima de familiaridad sigue presente. María Teresa Iraguren Pagate, esposa de Víctor, cuando se alejó de la actividad educativa, se sumó al negocio.

“Me siento muy bien, –comenta- cuando me dijeron que me precisaban me vine. Me jubilé en educación y aquí estoy. Hemos crecido todos juntos. Hemos vivido lo lindo, lo malo o lo feo que tiene la vida. Y lo lindo, es poderlo contar”.


“Es como mi familia”
Mirta Pérez, se siente parte de la familia. Trabaja en “Bolognesi” desde 1969 y sonriente y feliz nos dice: “Son 43 años que llevó acá, Gustavo, uno de los hijos de Víctor, tenía tres meses. Esto es como mi familia. A mí no se me ha pasado ni el tiempo. Me siento cómoda, es como mi familia, mi casa, mi negocio. No te das cuenta que sos empleada, porque ni los patrones ni su familia me hacen sentir como empleada. No siempre hemos vivido cosas lindas, pero me siento bien gracias a Dios”.

“Histórico”
Bolognesi, entre otras cosas, conserva el cuño original de las medallas del escudo oficial Pehuajó y del denominado “Pago hernandiano”. Troqueles de acero de imponderable valor, dignos de tener en cuenta para su reedición.

Origen de la celebración
Joyeros y relojeros celebran su día el 3 de noviembre en recordación del nacimiento de Benvenuto Cellini, gran escultor y joyero que llegó a realizar obras mportantes como el crucifijo que Francisco de Médicis regaló a Felipe II en 1576.
Por ello se lo considera un oficio artesanal milenario.

En Grecia comenzaron a usar el oro y las gemas hacia el 1.400 antes de Cristo, y en el 300 antes de Cristo ya dominaban una avanzada tecnología de piedras preciosas como la amatista, las perlas y las esmeraldas, incluso con trabajos de tallado y grabado.
En la Edad Media, las caravanas comerciales provenientes de Oriente llevaban a Europa piedras preciosas y semipreciosas, tanto para su uso en la joyería de reyes y nobles como para la joyería eclesiástica.
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