Un vino para cada ocasión

Presentarse hoy frente a la góndola de vinos puede resultar un gran desafío. La tarea de elegir una botella, a veces sin asesoramiento, puede complicar a quien no conoce el mundo del vino. Afortunadamente las etiquetas en la actualidad, presentan mucha información que nos puede ser útil a la hora de la elección. En ellas, además de informar acerca de las variedades con las que fue elaborado, el porcentaje de alcohol, información sobre la viña, enólogo, si estuvo o no en roble, también suelen recomendar la temperatura a la hora de consumirlo y opciones de comidas para acompañarlo, su maridaje.

El Maridaje entre el vino y la comida, es un tema muy extenso, y resulta muy difícil elaborar reglas que funcionen en la generalidad de los casos, ya que existen miles de vinos y comidas diferentes. Por otro lado, cada uno tiene sus propios sentidos de olfato y gusto, cada uno es diferente en sus gustos personales.

Maridar, es encontrar el equilibrio entre una comida y una bebida, dada por sus aromas, sabores y estructura. Existen diferentes tipos de maridaje, por complemento (ej. vino dulce con postres), por contraste (ej. vinos dulces con quesos fuertes), por tradición (o regional), se toma en cuenta la cocina típica de la región que se combina con la bebida elaborada en el ámbito local (ej. empanadas salteñas con Torrontés, asado con Malbec, cordero patagónico con Merlot).

A la hora de elegir un vino, hay una regla fácil de incorporar que ayuda mucho, es el maridaje por color, donde los platos claros van muy bien con vinos claros y los oscuros con vinos tintos. Como los tintos tienen más estructura que los blancos y rosados, naturalmente acompañaran platos más fuertes. Si en cambio la propuesta son pescados, ensaladas entre otros, la opción ideal será vinos espumantes, blancos, rosados o tintos ligeros, como el Pinot Noir por ejemplo. Cuando nos encontramos frente a carnes rojas o platos cuyas preparaciones, salsas o guarniciones son con más cuerpo, el maridaje por excelencia son los vinos tintos y si quisiéramos ser más precisos aún, hay que tener en cuenta que puedan soportar las texturas y estructura de las comidas. Un ejemplo claro de esto último es acompañar una comida con grasa con un Cabernet Sauvignon, que gracias a sus taninos tan presentes, son ideales para contra restar la sensación grasosa que la comida nos deja en la cavidad bucal. En cuanto a los vinos dulces, lo ideal es acompañar platos de postre o bien tenerlo como opción como aperitivo.

Recordemos que el maridaje es una experiencia personal, y que el gusto de cada uno es crucial en la evaluación de la armonía entre plato y vino.
Que siempre tengas motivos para brindar!

Por Sofía Torrallardona - Sommelier
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