¿Todo es sentimiento?

De “Luces y sombras de la familia”, por el por el Pbro. Dr. Ariel D Busso (Guanaco, año 2006)

Los sentidos son cinco: vista, tacto, olfato, gusto y oído. Los sentidos conducen los objetos a la inteligencia. Sirven para conocer. Nada hay en la inteligencia que antes no hayan pasado por los sentidos.

El corazón a su vez, es la sede los “sentimientos”, no de los sentidos. El corazón en sentido bíblico, es el lugar donde están los secretos del alma.

“La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”, dice el profeta Oseas.

Los sentimientos se alimentan de los sentidos. Son éstos los que en su continuo obrar, le pasan “información” al corazón.

El corazón humano no es naturalmente puro. Es necesario purificarlo a costa de muchas noches, de muchas podas. Puede ser un amigo entrañable o un tirano despótico.

Por eso es peligroso identificar el amor con el sentimiento. Si el corazón es egoísta, entonces no puede ser nunca el lugar del amor. Decía Bacon que “un egoísta es capaz de quemar la casa del vecino para cocinarse un huevo frito”.
Todo hombre realista descubre que es cierto eso de que para el egoísta, un pequeño dolor en su dedo meñique, le causa más preocupación que la destrucción de millones personas en una guerra.

¡Uno debería vivir con veinte almas!

Cuando se cae en la cuenta de que en la vida no todo es “sentir”, la vida, por desgracia, ya llega a su fin.-

Jacinto Benavente decía que “el mal no entra por la inteligencia cuando el corazón está sano”.

El secreto está en sanear el corazón. Y en no confundir los sentimientos con el amor. Una familia caería en pronta desgracia, si el hogar se edificara sobre esta arena.
¡Cuántas soledades no han crecido en vano!. El egoísta, a la larga o la corta, acaba por firmar su propia condena.

LA LIBERTAD DE OBLIGARSE
(Frase de Kierkegaard)
El amor es voluntad. Hay un secreto en el “querer querer”.Obligarse a amar no es un sueño, y cuando más se convierte en realidad, más se acerca al Amor verdadero.-
Una familia está compuesta por un grupo de personas, unidas por la sangre u otro vínculo, las cuales se obligan libremente a quererse y convivir.
Vivir en familia es convivir.
El verdadero amor es el que nos saca de nosotros mismos, el que nos lanza hacia fuera y enriquece, y no por lo que nos devuelven. El alma se estira cuando se abre. El amor es una llama que se enciende en otra llama, porque el mismo Dios llega a nosotros por el corazón de los demás.
Obligarse a amar no es un añadido al amor verdadero ¡debería darnos vergüenza ser felices nosotros solos!. Solos podemos tener placer, pero no felicidad.
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