La importancia de rumiar

El zorro que ya es corrido
dende lejos la olfatea
No se apure quien desea
hacer lo que le aproveche.
LA VACA QUE MÁS RUMEA
ES LA QUE DA MEJOR LECHE.


¡Cuánta sabiduría perenne en este refrán! Y qué fácil de entender para los hombres de campo, que conocen las costumbres de sus animales.

El “rumiar” es típico de la vaca, como de todo animal rumiante. Después de haber comido y bebido, la vaca con su acostumbrada parsimonia se echa y comienza entonces a “rumiar” o sea a masticar lentamente y por segunda vez cuanto había ya ingerido. Cuanto más tiempo persevera en esta acción automática, mejor leche dispensa.
¿Cuál es la sabiduría del refrán con respecto al hombre?

No madura el hombre que no sabe reflexionar con calma (rumiar) las etapas de su existencia. Este proceso de maduración nos alcanza a todos. Sobre todo, a los que entendemos la vida como una realidad en la cual estamos instalados, para proyectarnos constantemente hacia el futuro. No podemos dejar de ser “rumiantes” de nuestra propia realidad.

Los que no piensan así, viven en la improvisación, en la inmadurez y en el desasosiego. Desde esta realidad negativa, nadie puede proyectarse con éxito y menos aún, dar fruto. No hay vuelta que darle. El que “más rumea”, es el que mejor anda por la vida, el que menos se equivoca, el que más rinde en sus trabajos.

Rumiar, repensar los problemas vitales, siempre ha sido una característica de la gente cuerda, que siempre sabe a dónde quiere llegar. El impetuoso, el improvisado, el que no reflexiona, todo se lo lleva por delante y termina lleno de marcas.
Y a no confundir reflexión con miedo. El miedoso, se queda: el que la piensa, sabe donde pone los pies. No se apura quien quiere salir adelante.
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