Ejemplo de fe y perseverancia

Si bien el avance tecnológico impuso nuevas modalidades, en su esencia quienes cultivan el milenario arte del bordado, expresan su sentido artístico y creativo. Y en el caso de Bordados Carlitos (Castañeda 635) se traduce en un emprendimiento como medio de subsistencia familiar. Sin duda, una experiencia digna de destacar y tener en cuenta

La convecina, Julia Esther Armella, propietaria del microemprendimiento de bordados computarizados, nos cuenta que “se inicio en 2004, ante la necesidad de encontrar una actividad que nos proporcionara los medios para vivir. En ese entonces, no teníamos más ingresos que el salario que cobraba como empleada doméstica, y una pensión del Estado”.

Recuerda que “Ante esta situación, decidimos invertir los ahorros de los que disponíamos, para comprar una máquina de bordar familiar y una computadora, complemento necesario para el trabajo.

Luego de un breve curso de capacitación, ofrecido por el vendedor, y de algunos días de prueba con la nueva máquina, comenzamos a ofrecer los servicios, a un círculo limitado de modistas y comercios. De a poco, el emprendimiento empezó a marchar, los trabajos se multiplicaban, y se acercaban nuevos clientes”.

Al incrementarse la clientela, Julia y su familia, deciden comprar una nueva máquina, la que permitió –señala- “la posibilidad de realizar los trabajos más rápidos, y pudimos entonces, ampliar el mercado, dirigiéndonos personalmente, a empresas de nuestra ciudad y de la zona”.

Como sucede habitualmente, dice Julia, “las dificultades no estuvieron ausentes, como reparar las ocasionales roturas de las máquinas, la inexperiencia en lo comercial, la falta de un espacio cómodo para trabajar, etc.

Pero las dificultades fueron superadas y el taller de bordados prosperó. “Los clientes aumentaron –manifiesta satisfecha- y logramos comprar una máquina industrial, que facilita en gran medida el trabajo, y amplía las posibilidades, ya que bordamos gorras, lo cual es muy solicitado, y diseños en mayor tamaño”.

Hoy, Bordados “Carlitos” (nombre que recuerda a su esposo, Carlos Páez) es una hermosa realidad, fruto de la perseverancia y la responsabilidad de Julia y su familia, cuyo esfuerzo demuestra que todo es posible. Que con un microemprendimiento se puede subsistir.

Recomendamos visitar el lugar y apreciar su desenvolvimiento, además de calidad y la calidez humana que irradia.

Sinceras congratulaciones.
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