“Creo en vos, hija”

Es amante del folclore. Desde niña se sintió atraída por la música argentina. Junto a su padre, que partió tempranamente, comenzó a sentir el placentero sabor del canto y la música nativa. Superó escollos y se sobrepuso a la ausencia física del papá para hacer realidad los sueños compartidos. Sencilla, humilde y consciente de sus condiciones, no claudicó jamás. Jésica Anahí Ledesma, cultiva con verdadero amor el canto popular y nos representa en distintos ámbitos. Es solidaria, ayuda porque la ayudaron. La fe la moviliza y tiene a Dios como amigo para transitar los caminos, con esa luz que protege lo que defiende y lo que siente.

Su pasión por el folklore se manifestó desde la niñez. “Es un sentimiento muy lindo que envuelve todos mis años hasta el día de hoy”, manifiesta la joven, quien además de realizar dos programas radiales, toca la guitarra y estudia química. Al hablar de preferencias en el amplio campo del folclore, Jésica sostiene: “creo que el todo es bueno. No puedo elegir un solo estilo, me gusta mezclar, armar cosas y probar”.

LA SOLIDARIDAD
Conformó su propia peña, llamada “El Estribo”, para beneficio de jardines de infantes, escuelas, comedores, etc., consciente de la importancia que reviste extender una mano a los demás. Al resto, acota: “siempre que tengo que viajar la gente me ayuda y así fuimos a Cosquín, Olavarría, Arequito, Buenos Aires, a la Fiesta del Mate en Paraná, Raíces Gauchas y Argentinísima satelital”.

“Colaboro porque desde chica no podía comprar ni una guitarra y siempre la fe en eso que es música me dio la armonía. Hoy tengo mi guitarra, mis programas, voy con mi música en el camino siendo la humilde chica de barrio que un día creció, y si puedo ayudar voy a estar para lo que sea. Sé que si lo sentís con el alma, todo se puede”, cuenta Jésica.

LA IMPORTANCIA DE LA “SOLE” EN SU CARRERA MUSICAL
Soledad Pastorutti no es una artista más para Jésica. Es su referente. “Tengo una relación linda porque siempre me recibe muy bien y le gusta que haga lo suyo desde el respeto musical que una simple joven le puede tener. Para mí significa mucho porque siempre quise conocerla, es mi referente”, afirma la joven cantante pehuajense.
“Siempre cuento que cuando era chica y viajábamos al campo con papá, con un grabador viejito cantaba su música a la par del cassette porque no podía ir a canto”, comenta.

SU PADRE, SU ÍDOLO, SU GUÍA
Pensando a futuro, Jésica persigue una ilusión. “Estoy siguiendo un sueño, que no empecé sola sino con mi papá, que hace un tiempo me cuida del cielo. Él me da la fuerza y la fe cuando el camino se pone gris y me esperan las tormentas, me ayuda a salir descalza y llena de luz… No digo quiero ser artista porque creo que cualquier persona que lleve en sus venas las notas que marca el corazón, es artista. Si quiero llegar con mi música por el país y traerme en mis ojos cansados el mensaje de cada paisaje que me contaba papá de chica”.

“Como el Río Cosquín –añade- del que siempre me habló. Pensé que nunca mis pies podrían tocar esa agua y pude ir. Llegar ahí me dio paz y voy, con mi guitarra, por cada lugar de los que me hablo. Eso me llena el alma”.

Sus ojos se iluminan e irradian ese amor incondicional para con su padre y esa pasión tan especial que cultiva con vehemencia. “Estoy contenta”, nos dice, “porque nunca pensé que la chica que cantaba en el patio de su casa hasta que alguien salía y me miraba; la que entre un montón de personas, en cada festival, se quedaba de la manito de papá mirando con los ojos tristes los escenarios sin poder subir”.

“Siempre pedí un lugar, sin cansarme. Tenía mucha fe. Siendo una nena que no sabía cantar, mi fan, el mejor, me decía “Creo en vos hija”. Y cada vez que subo a cantar tengo presente esa frase. Siempre luché, con fuerza, por lo que quería. Desafíe los retos de la vida, si hasta no podía pagar las clases. Pero no aflojé, a los 12 años empecé en radio, a los 13 me subí a los escenarios y nunca me quise bajar. Y ahora, al recorrer caminos, siento que subo mejor”.


PING PONG
-¿Un deseo?: “cumplir lo que empezamos con papá”.
-¿Un ídolo?: “Mi viejo”.
-¿Un dolor?: “La ausencia de los abrazos y mates del viejo”.
-¿Un rencor?: “No en rencores. Es más, no nos sirven para crecer. Todo lo tomo como aprendizaje”.
-¿Un amor?: “El gran amor de mi vida la música”.
-¿Una frustración?: “No creo en ellas. Sólo te cortan las metas”.
-¿Una esperanza?: “Cantar feliz para mi gente, desde el corazón, siendo simplemente la misma”.
-¿Pehuajó?: “El lugar donde encontré un montón de historias y cada una de ellas me lleva a ser quien soy, con mis defectos y virtudes”.
-¿Dios?: “Es un amigo que sale conmigo al camino y me ayuda a volver, con esa luz que protege lo que defiendo y siento”.
-¿Una frase?: “Espero que me esperes al final del camino”.
-¿Jésica Ledesma?: “Simplemente una joven que tiene una luz que la guía para dejar en los escenario la esencia de ser la simple chica que una vez soñó en los espejos pisar los escenarios envuelta en la luz de una canción”.
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