“Despacito y por la orilla, como sulky sin patente”

Por Chico Feo - El refrán vino a mi memoria al contemplar viejas patentes de sulky que forman parte de los ornamentos en la pulpería “Rastrillada del pampa”, un lugar donde se honran costumbres y tradiciones de nuestra pampa húmeda.

Alguna vez, muy temprano, en la inolvidable LT22 Radio “Nueva Era”, tomé el atrevimiento de improvisar reflexiones a partir de un refrán criollo, modalidad que descubrí luego de analizar los refranes que aparecen en el Martín Fierro, que forman parte de esta “huella” destinada a rescatar y exaltar lo nuestro.

Y de manera muy grata, advertí que en cada refrán o decir criollo, hay mucho que desmenuzar en el campo de los sentimientos y los razonamientos.

Las patentes de los sulky, extendidas por las municipalidades, en tiempos que eran medio de transporte elemental en nuestra zona, además de representar un interesante ingreso para el erario comunal implicaban una obligación de contribuyente, sancionada cuando la ignoraban.

Entonces, ante la falta de patente, no quedaba otra alternativa, para evitar la multa, que circular por las orillas del pueblo, despacito y con cierto recelo, por “lo que dirán” o por simple temor a la sanción.

Si uno, objetivamente, analiza procederes y actitudes en la vida, se advierte con claridad meridiana que muchas veces optamos por circular por las orillas, ya sea para eludir responsabilidades o disimular errores. O contrariamente, por prudencia y respeto. No es fácil ubicarse en el centro, porque son muchos los ojos observadores o porque cuesta asumir o regular algún sentimiento de culpa.

Otra veces transitar por la huella de la orilla, alimenta la reflexión y de pronto nos atrevemos llegar al centro, con la intención de aclarar las miradas.

Cuesta, no en fácil deponer actitudes reñidas con algunos tropiezos, ya sea por la fragilidad de los sentimientos o por omisión de responsabilidades.

Siempre hubo y habrá quienes opten “transitar despacito y por la orilla como sulky sin patente”. Lo importante es darse cuenta la importancia de reconocer y asumir el motivo. Cuesta, como el pago de una patente, pero hace bien como digerir, despacito y con sensatez, el sabor -amargo o dulce- de la verdad.
Hasta la próxima.

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