Don “Ata” y el recuerdo de sus viajes a Madero

El 23 de de mayo de 1992 falleció en Francia, Héctor Roberto Chavero Haram, conocido como Atahualpa Yupanqui (Atahualpa, en referencia al cacique inca. Yupanqui, en quechua, “el que viene de tierras lejanas para decir algo”).

A 20 años de la partida, recordamos a esta figura indiscutida del folclore argentino, cuando en setiembre de 1986 visitó Pehuajó. En diálogo con periodistas locales, rememoró sus viajes a Francisco Madero: “Cuando niño viví aquí en Pehuajó. Tengo recuerdos muy hermosos, no soy muy claros porque yo era muy mocosito. Aquí han vivido mis abuelos, es decir en Francisco Madero, eran campesinos allí”.

“Recuerdo así, lejanamente, que había médanos y había bajos con barro, pantanos, terriblemente terribles, tal es así que el dueño de los carros, que eran chatas, como las diligencias americanas, pero más grandes, menos bellas, para ocho personas, y yo iba adelante, en el pescante con mi hermano, y nos ataba para no perdernos en los barquinazos. Claro, había que cuidarlos, éramos tres muchachitos, mi hermana y dos hermanos, y veníamos a pasar las vacaciones con los abuelos”.

SER O SENTIR NACIONAL
Al respecto, afirmaba: “lo hubo siempre, sí; que se empalice, sí; que se divide o malinterpreta, si, en distintos sectores y esferas, aún en los sectores que se dicen progresistas o no progresistas. Porque hay demasiados intereses encontrados, y hay un desconocimiento, que no es deliberado, sino es fruto de la soberbia humana. El hombre es muy soberbio. El hombre carece del normal equilibrio que antes se suponía que había. Cuando la gente era más sensata, contaba hasta 20 antes de opinar. Meditaba, comprendía mejor la naturaleza. Ahora se la usa sin comprenderla mucho”.

“Pienso que el ser humano adelanta en la medida que va operándose en él una interpretación de nuevas experiencias. Ahora, el conocimiento no es cultura. La cultura es decantación, es la maduración, el “baño María”. El saber, el aprender muchas cosas, el tener un archivo de cosas, no le da cultura a nadie, le da conocimiento, le da el fácil manejo para hacer ciertos asuntos, o para sus asuntos, pero la cultura es otra cosa”.

“La cultura es un poco la luz, y esa luz no es un aparato que se prende porque sí. Hay que saber encender el cigarrillo”.

Al preguntarle si estábamos perdiendo las raíces, Don Ata, dijo: “no, no se han olvidado de lo nuestro, simplemente nunca lo aprendieron. Oír es una cosa, sentir es otra. Han oído siempre el canto nativo, pero nunca han sentido el canto nativo. Ahora el por qué, pregúntele a los sistemas educativos, a los efectos de la televisión y la radio, a los medios que endiosan a muchachos que podrían ser hermosos discípulos de una gran disciplina nacional y argentina”.

EL CAMINO ENSEÑA
“Es la mejor universidad el camino. Es la mejor que yo he conocido. Cuanto enseña. Nosotros somos bien enseñaos pero mal aprendidos. Tenemos, como decía mi abuelo, dos clases de educación, la que nos dieron o creyeron darnos, y la que nosotros tenemos que darnos. Y ahí hacer la melange, la mezcla, la selección. Y eso cuesta, tiempo, años, tardes, noches. Cuesta trabajar. Como decía Hermann Hesse, “hay que apagar tarde la lámpara”. Así avanza un pueblo. Un pueblo que apague tarde las lámparas, vaya si avanza”.
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