El bombero voluntario que nos hizo lagrimear

Ezequiel Castillo, el bombero de Guanaco, luego de superar un casting con 3000 aspirantes, quedó entre 30 seleccionados y se dio el gran gusto de actuar en “Soñando por Cantar”, el ciclo televisivo que emite Canal 13 con notorio éxito. El servidor público honró a los bomberos voluntarios y emocionó a la audiencia.

Desde niño manifestó su inclinación por la música, en su amado Guanaco que exaltó con legítimo orgullo en el programa televisivo. Sorteó numerosas dificultades y limitaciones, pero siempre antepuso fe y buena voluntad. Nunca se dio por vencido y siempre siguió adelante, con la firme convicción de que quien lucha por un sueño, tarde o temprano lo conquista, la clave está en perseverar.

Más allá de no escalar más posiciones en el certamen, el solo hecho de llegar a esa instancia y cantar para millones de personas, es un triunfo contundente para el convecino de Guanaco. Fue como tocar el cielo con las manos y sus lágrimas gozosas así lo demostraron.

Seguramente que muchos recuerdos se reavivaron en su mente. Desde las acciones comunitarias que coparticipó en la escuela 7 hasta la tarea de misionero que impulsó desde la Capilla San Bernardo, traducida en acciones solidarias en su pueblo, en la zona, y hasta en la República hermana de Chile cuando integró un grupo de misioneros y cumplió tareas en barrios carenciados y cárceles del país transandino.

En los últimos años sus sentimientos solidarios los centralizó en el Destacamento de Bomberos Voluntarios de Guanaco, abrazando el noble oficio con la esa particular vocación de servicio que no todos los mortales están capacitados para ejercer. Pero nunca se alejó de la música y el canto, siempre se hizo un lugar para cultivarla, aferrado a su fe. Era común verlo cantar en la Iglesia de Guanaco, donde además invocó siempre la protección del Dios, del cual nunca se apartó y confió en su infinita bondad.

Compartimos su alegría, junto a su familia, los integrantes del Destacamento bomberil y los vecinos de Guanaco. La experiencia de Ezequiel, además de inolvidable, se traduce en un reconocimiento a muchos años de esfuerzos y que luchar por los sueños no ha sido en vano.
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