Nos dejó Wilches, su guitarra y su armónica

La noticia pasó un tanto desapercibida, como sucede con muchos fallecimientos. El 16 de enero se apagó la vida de Carlos Wilches, conocido vecino de Nueva Plata, especialmente por su actividad musical que durante muchos años plasmó en guitarra y armónica.

Carlitos recorrió miles de kilómetros en toda la región, donde siempre era requerido. Exponía con particular estilo sus habilidades en el dominio de los dos instrumentos. Alguna vez, charlando con amigos en el Club Rafael Hernández de su amada Nueva Plata, se dijo que jóvenes generaciones advirtieron la dupla “guitarra y armónica” al surgir León Gieco, cuando Wilches desde hacía muchos años ejecutaba ambos instrumentos.

Quizás el análisis técnico de su producción daba lugar a distintas apreciaciones, pero su habilidad era más que suficiente para interpretar temas clásicos y los hits del momento. Si hasta se daba el gusto de animar un baile campero solamente con su guitarra y armónica.

Fue protagonista en los festivales del parque desde los inicios. Tuvo espacios radiales en la añorada LT22 Radio Nueva Era y en los últimos años a través de FM Proyección. Recorrió todos los pueblos de una amplia zona y fue musicalizador en numerosas jineteadas. A su manera, con su estilo personal, con esa simpleza y naturalidad propia del hombre rural.

Estaba jubilado como empleado municipal. En los últimos tiempos los achaques de salud fueron notorios y no los pudo superar.

Nos queda el grato recuerdo de Wilches, aquel de la guitarra y la armónica. Aquel que pisó escenarios en todos los pueblos de la zona, aún en pequeñas poblaciones. Aquel que cumplía con pedidos de escuelas y clubes, en festivales solidarios, llegando “a dedo” si era necesario. Aquel que más de una vez, derrotó adversidades y cultivó prácticas solidarias. Hay quienes lo vieron venir, “haciendo dedo en la ruta” y bajo una intensa lluvia desde Nueva Plata a Pehuajó, para extender una mano a una convecina con un niño recién nacido.

Se llamaba Carlos Wilches. El de la guitarra y la armónica. Tenía 72 años y en el sofocante verano del 2012 inició el viaje por el campo celestial.

Que el Buen Dios lo cobije a su lado.
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