En la vida no gana la suerte

“NO ANDES CAMBIANDO DE CUEVA
HACE LAS QUE HACE EL RATÓN,
conservate en el rincón
donde empezó tu esistencia
Vaca que cambia querencia
se atrasa en la parición”
(2337) (Canto XV)

La filosofía de este refrán, nos advierte que el desapego es enemigo del éxito. Quien va de un lado al otro nunca echa raíces. La imagen del ratón es perfecta. Se trata de un animal que difícilmente abandona su cueva, salgo, cuando “hay que salvar el pellejo”.

Quien goza de espíritu conservador logra el arraigo. En cambio, quien anda cambiando de cueva, se dispersa, y no logra afianzar ni su bien pasar ni su personalidad.
El refrán constituye toda una lección de psicología. La condición para el éxito no solo es planificar bien, sino también llevar a feliz término la acción.

Parecería que “no cambiar de cueva” es una actitud pasiva, pero no es así. Para calar hondo hay que saber perseverar, y la perseverancia es una actitud positiva.
Hernández, atinadamente, como lo hace siempre, apoya la filosofía del refrán en la sentencia tan conocida por el hombre de campo: “Vaca que cambia querencia, se atrasa en la parición”. Esta verdad, de orden natural, se puede aplicar muy bien a la vida de aquellos “que andan cambiando de cueva”.

A propósito, me viene a la mente, aquel dicho de los latinos: “La gota de agua que cae en forma persistente sobre la piedra, termina por partirla”.

En la vida no gana la suerte: sí, en cambio, el deseo de llegar, más el esfuerzo y ese no aflojar hasta que las “velas no ardan”.

Como todos los refranes, éste también es para meditar. Sobre todo, si tenemos la tentación de “andar cambiando de cueva” con todo lo que ello significa.

(de José Marcon, El Refranero de Martín Fierro)
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