Adela Méndez: “Si ustedes supieran lo que siento dentro de mi corazón cuando me pongo estas pilchas”

Es frecuente verla por las calles de la ciudad, luciendo con sano orgullo las pilchas gauchas, causando admiración para muchos, asombro para otros. Que mejor que honrar nuestra tradición a través de ella. Se llama Adela Méndez, se crió en el campo. Hizo todo de tipo de trabajos. Aprendió a dominar potros y abrir surcos en la tierra con arado mancera.

Su vida familiar tuvo matices muy particulares. Vivió situaciones límites, hasta intentar quitarse la vida. Descubrió a Dios y desde entonces cambió su vida y predica la palabra del Señor con firme convicción y profundo amor por el prójimo.

La “paisana evangelista” visita los enfermos y defiende, con la frente bien alta, los valores del ser nacional e inculca el respeto por los demás. Siente orgullo al lucir las pilchas gauchas. Y sigue su cometido, con fe y esperanza.

Efusiva y vehemente en sus expresiones. A los 69 años de edad, Adela Méndez, sintetizó detalles de su vida, con momentos y episodios muy traumáticos y dolorosos, pero con un final feliz, pleno de fe y el convencimiento de que el Buen Dios siempre está con nosotros.

Si bien el propósito de nuestra entrevista era conocer los motivos por los cuales se viste con prendas gauchas, fue ineludible la cita de sus vivencias familiares, porque allí radican las causas que determinaron esa opción.
“Hace más o menos 35 años que empecé a vestirme así. Me gusta el folklore, las cosas nuestras. A veces me duele la patria, porque dentro mío siento algo muy fuerte y deseo que si las cosas están bien, estén bien para todos, porque todo esto tiene algo de Dios para mi”, nos dice a modo de introducción.

“Me críe muy humilde, en el campo, en la zona de Ancón. A mi padrastro (porque a los 9 años perdí a mi papá) lo ayudaba a amansar potros. Mis hermanos mayores se fueron a trabajar y yo por ser la más chica quedé en la casa. A los 11 años ya hacía todas las cosas de la casa. Yo tenía miedo a los caballos. Pero mi padrastro, si bien era un poco renegado, tenía un gran corazón. Me enseñó a dominarlos, empecé a darme cuenta como hacerlo, y les empecé a tomar cariño. Hasta le apadrinaba los potros cuando los largaba del palenque”.

Adela, en aquella adolescencia campesina, hizo todo trabajo de campo. Crió ovejas, arrió vacunos y hasta empuñó un arado mancera. Más tarde, ya casada, fue cocinera en una estancia. Las cosas fueron bien y hasta pudieron comprarse un cochecito, compra que motivó cierta envidia en la gente que los conocía, sentimiento maligno que comenzó afectarla de sobremanera.


DEPRESIVA Y EN SITUACIÓN LIMITE

Y Adela rememora los motivos que le indujeron a usar la vestimenta gaucha. A los 35 años de edad, fue victima de una profunda depresión. “Estaba muy enferma y no llegaba a entender porque motivo era. Nadie me curaba, ni médicos ni curanderos”.

“Fueron 15 años de enfermedad –recuerda- y cuando ya no daba más, me di cuenta que mi madre y mi esposo estaban planificando internarme en un psiquiátrico, pero yo me daba cuenta que en mi mente había algo que fluía de parte de Dios, pero no se los podía decir”.

“Llegue a tal extremo que quise matarme dos veces. Una vez, cuando tenía un nene de 2 años y la nena de 6 meses. Me era imposible superar la situación”.

Cansada de muchos años de padecimientos, llegó un momento que no pudo más. “Hasta me enfrenté con mi madre, porque ya no tenía libertad en mis decisiones”, recuerda.

“Me negué a que me llevaron a los médicos. Mi marido insistía y mi madre. Pero mi decisión era no ver a ninguna persona y advertí que si hacían algo me iba con mis dos hijos”.

“Me distancié con mi madre y me dolía mucho, no verla, me dolía lo que decían. Todo tiene que ver en lo que me pasaba”.


DECISIÓN EXTREMA Y LA PRESENCIA DE DIOS

Recuerda que una madrugada, al no poder dormir, “pensaba que nadie me sanaba, que estaban por internarme, me quedaban dos caminos: me trastornan del todo encerrada o me tengo que matar. Cuando dije “me tengo que matar”, se me nubló todo, no sentía nada y me fui hacía las vías del ferrocarril”.

“Eran la una y media, hora que pasaba el tren de pasajeros. Cuando faltaban metros para llegar, mi cuerpo quedó paralizado. Era como si me hubieran puesto una coraza y sentí una voz, que fue tremenda y maravillosa a la vez, me dijo: “Vos no tenés que matarte, yo te traje al mundo y yo te voy a llevar cuando sea la hora. Vos tenes que vivir porque yo te quiero”.

“Cuando se fue esa voz, volví a sentir mi cuerpo. Vi la vía, me asusté y me acordé que había dejado solita a mi hija de 10 años. Me volví más que corriendo, entré al dormitorio, me tiré de rodillas y empecé a pedirle a Dios de una manera muy tremenda. Lloraba y le decía Dios mío decime que tengo que hacer. Me quedé desvanecida, después sentí como que unas manos me tomaban de los hombros, vi. una luz que me dio una paz tremenda, no quería que se fuera”.

Y de inmediato, Adela con vos pausada, añade. “Fue así que después acudí a un templo, el único lugar donde no había ido y ahí encontré la salida”.

“Me pasaron cosas también, porque en aquellos tiempos no dejaban ir de pantalones a las iglesias. Una vez me hicieron un desprecio, me dolió, pero siempre creí en el llamado que sentí Dios. Me daba bronca que molestara tanto la ropa que tenía puesta si lo que realmente vale es el corazón y la mente”.

Y al aportar más detalles sobre el uso de la vestimenta gaucha, señala: “Como había quedado con problemas de alergia me molestaban mucho los mosquitos. Entonces empecé a usar bombachas de campo. Igual iba a la iglesia de polleras, pero llevaba un sombrero, porque por las secuelas de la enfermedad debía cuidarme la cabeza del sol.

Pasa el tiempo, me cambio de Iglesia porque cuestionaron que usaba sombrero, pero siempre seguí aferrada al llamado de Dios. Y así empecé a vestirme con las prendas gauchas. Un buen día dije voy a ir así a la Iglesia, pues había visto hermanas que iban de pantalón”.


LAS BURLAS DE LA GENTE

“No eran nada las reacciones en la Iglesia. Lo que era en la calle, empezaban a pararse. A veces personas grandes me hacían burla, me zapateaban. Yo me daba vuelta y los miraba con esa firmeza y autoridad que Dios me dio.

Hubo oportunidades en que me volvía y les preguntaba: ¿Díganme, Uds. dónde están, en la Argentina?. Yo me visto así porque me la banco y no le he pedido nada para vestirme. Lo que tienen que mirar es como se están manejando. Qué lástima que no hayan aprendido a respetar. Qué lástima que les pase este tipo de cosas, cuando están en la Argentina.

Si estuviera haciendo algo malo, algo feo, podrían llamarme la atención, pero no sé porqué la burla. Si ustedes supieran lo que siento dentro de mi corazón cuando me pongo estas pilchas. Es algo sano, es algo bueno. No le hago mal a nadie y estoy en mi patria”.


ESE ORGULLO DE SENTIRSE ARGENTINA

“Dios me ayuda a mí. Me da la fuerza y me dice que estoy obrando bien. No le hago mal a nadie. Vestirme así es algo muy lindo para mí. Lo vivo y lo siento. Es como agradecerle a Dios que me dio la vida. Es un desafío a la gente”.

Me siento orgullosa hoy. Mucha gente también, mujeres mayores, me han parado en la calle y me han dicho: “como me gustaría vestirme como usted”. Y por qué no lo hace?... porque hay que tener personalidad”.


ORAR POR LOS ENFERMOS

Los jueves de cada semana, con las pilchas criollas, Adela concurre al Hospital Municipal para visitar enfermos y a quienes lo desean ofrendar su oración, con todo respeto y el inmenso amor de Dios. Algunos familiares de enfermos suelen decir “acordate que va a venir la paisana, déjala orar”.

Y habría mucho más para agregar. Simplemente hemos reflejado los motivos que indujeron a esta convecina a cultivar una costumbre muy nuestra, auténtica, que como ella misma afirma “Me identifican por la ropa. Me ve todo Pehuajó” y en algunos casos, mezcla de humor e ironía, les digo: “me visto así porque a 5 o 6 cuadras me ve la policía”.

Adela también pulsa la guitarra y le ha quedado pendiente montar un pingo y desfilar, deseo que quizás quiera cumplir en el futuro.

Dejamos su casa, donde nos recibió muy gentilmente. Y quedaron latentes sentimientos y sensaciones muy claras de una mujer argentina que sabe defender lo que ama, que predica la palabra de Dios, dejando un mensaje contundente. Siempre hay una salida en la vida, aún en los momentos más difíciles. Que es cierto que cuando de pronto se acaba la esperanza hay que aferrarse a la fe.

Y Dios, Adela, en su infinita bondad, para lo que creen y los que no creen, siempre nos lleva en ancas.


UN PASTOR RECONOCIDO

En su accionar dentro de la Iglesia Evangélica hubo quienes la comprendían y quienes la rechazaban.
No faltaron pastores que la trataron despectivamente. En cambio otros, como un pastor cordobés, durante un encuentro evangélico, que pensaba distintos a los otros, no quiso perderse la oportunidad de sacarse una foto con Adela para tener “un recuerdo con alguien que se viste así”.

Ese pastor se sintió identificado con la personalidad y la vestimenta de esta criolla hermana, que predica la palabra del Señor y honra la tradición argentina.

Adela también ha incursionado en creaciones poéticas. En el año 2007, al asumir una mujer la presidencia de la Nación, escribió “Argentina, Jesús te ama”.

Entre otros versos, dijo:
“Vamos, vamos Argentina / Ya no te puedes quedar / vamos que el pueblo de Dios / por ti ha comenzado a orar / Vamos ya llegó la hora / Los obstáculos sortear / alza los ojos al cielo / Bendición llegando está.





Reproducción de un reconocimiento entregado a Adela en Francisco Madero, con versos alusivos de Martín Ortellado hijo.


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1 comentarios:

  1. Grande Adelita, tenes el mismo nombre de mi tía y por eso te tome mucho cariño, y ademas has sido una buena alumna, te felicito por la entrevista que te hicieron, y espero que mas adelante nos volvamos a ver, Tu profesor, Carlos García

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